¿Dónde voy a dormir?

Jesús respondió: Los zorros tienen cuevas donde vivir y los pájaros tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene ni siquiera un lugar donde recostar la cabeza.
Mateo 8:20 (NTV)

Un hombre se presento ante el Señor para pedirle su permiso de seguirlo. Quizá lo vio muy bien vestido. A lo mejor se veía muy delicada su apariencia. No lo se. Pero al verlo Jesús tuvo que hace esta declaración.

No se si al pedirle permiso estaba pidiendo un seguro de que le iba a ir bien al tomar esa decisión, que de ahí en adelante él viviría bien. Pero el Señor estaba diciéndole, que tendría que pasar dificultadas si decidía seguirlo.

Le estaba advirtiendo que el Hijo del Hombre no tiene ni siquiera donde recostar su cabeza. Estaba probando su decisión, estaba mirando su corazón para saber sus intenciones.

Al igual que hizo Noemí con Rut y Orfa, las despidió para que siguieran su corazón. Les dijo que volvieran a sus dioses, que regresaran a sus casas, que volvieran a vivir su vida antigua. Una la obedeció, pero Rut decidió seguirla a pesar de que ya había caído en cuenta que no iba a ser fácil. Pero ella escogió al Dios de Noemí y Dios la recompenso al ser la  bisabuela del rey David, y ser parte de la genealogía del Salvador.

Igualmente nosotros podemos presentarnos delante le Señor y decirle: Señor, permiteme seguirte, obedecerte. Envíame a mi, donde quiera que tu quieras que vaya, iré. Si ese es tu caso, no te sorprendas si el Señor te pone a prueba para TU estas seguro de la decisión que vas a tomar. Como bien dicen por ahí: “del dicho al hecho, hay mucho trecho.”

Quizá nos encontremos pidiendo un seguro de bienestar disfrazado de consejo o aprobación. No sé si ese maestro de la ley sopesó lo que había pedido. Tampoco sé si lo siguió o no. Pero sé que el Señor nos probara a nosotros para sacar a luz nuestras intenciones.

A Limpiar

Cuando recién entre a mi trabajo, justo el primer día o el segundo, no lo recuerdo bien, mi compañero de trabajo estaba sentado en un sillón que esta en la oficina. Pase la mayor parte de la mañana recordando de él como es que se debe de hacer el trabajo, como hacer las operaciones, como utilizar el sistema, etc.

Pero ya a media mañana tomó un aromatizante en liquido que tenia en una botella con aspersor y lo empezó a rociar sobre todo el piso de toda la oficina. Yo soy el trabajador simplemente, no esta en mí regañar o no a mis superiores ni nada así por el estilo. Por lo que me limite a ver y ya. Cuando el termino de hacer lo que estaba haciendo, simplemente dijo: “Así, para no barrer y eso.”

Todo quedo en eso. La siguiente semana, mi compañero se fue de vacaciones, por lo que me quede solo durante una semana. Él mi dijo que como quiera le diera una barrida a la oficina por si venían los jefes y listo. Y eso fue lo que hice. En toda la semana solo barrí una vez y los demás días hice lo que aprendí: esparcir aromatizante.

Estaba increíble, tenias mas tiempo para otras cosas mas calmadas, podías pasar mas tiempo sentado y todo eso, mas tiempo para cosas mas interesantes. Y eso estaba bien, como que empezaba a agradarme.

El problema fue cuando regreso. Cierto día dijo, vamos a barrer y trapear. Yo dije: bueno una vez al mes no hace daño. Pero la siguiente semana igual, barrer y trapear y hacer limpieza profunda. Y la siguiente. Y la siguiente.

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Nunca me equivoco

Mientras el pequeño avioncito de papel volaba hacia la calle transitada de automóviles, un niño asustado corría del jardín hacia su habitación rápidamente. Su madre le había dicho específicamente que no tirara ese avioncito hacia la calle, pero al parecer al pequeño se le hizo fácil. Quizá para saber que sucedería, quizá para sentir la adrenalina de desobedecer una vez mas a su madre. No lo se.

En cuanto la madre vio a su pequeño escurriéndose hacia la habitación, rápidamente se percató que algo estaba mal, pues por lo regular, al pasar por la cocina, lucía muy orgulloso su avioncito de papel. En ese momento ella observó por la venta, y en medio de la calle, un avioncito de papel destrozado y pisoteado por los automóviles. Entonces comprendió porque su hijo miraba hacia la calle desde el extremo del jardín pocos minutos antes.

Al acercarse al pequeño y preguntarle qué es lo que había pasado, este se asustó y dijo: Estaba jugando debajo del árbol que esta afuera, entonces deje mi avioncito en el césped porque quería recoger una mariposa que se paro justo enfrente de mi…y entonces una ráfaga de viento se lo llevo hasta la calle.

La madre un poco preocupada y conociendo a la perfección a su hijo, sabía que le mentía. “¿Es esto cierto?” El pequeño se quedo congelado, probablemente por su mente pensó que había dicho la mentira a la perfección, que había echo el acto de engaño mas asombroso y sin dejar rastros. Pero no. Ahí estaba su madre, aquella que lo conocía muy bien como para darse cuenta cuando mentía.

“No. Yo lo lance hacia la calle. Perdóname por mentir”.

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