¿Qué tan malagradecidos somos?

 

Desesperada la mamá, lo llevó a ver al psiquiatra quien trató de hacer caer al niño con toda clase de tretas. En vano. Finalmente el doctor, haciendo un gesto de desconsuelo con las manos, le dijo: “Bueno, dime ¿qué te gustaría comer?

– ¡Gusanos! – replicó la fierecilla.

Inmediatamente el doctor ordenó a la enfermera que le trajera un plato rebosante de gusanos.

– Aquí están -le dijo el doctor.

– ¡Los quiero fritos! – alegó increíblemente.

Nuevamente la enfermera salió y a poco volvió con el oloroso y humeante platillo.

– ¡Nomas quiero uno! – Grito.

El doctor tomo uno y le dijo:

– Ahora, come.

– ¿Cómete tú la mitad! – Insistió.

El doctor, en su afán de salir adelante, partió el gusano y, como pudo, lo comió.

Entonces el niño empezó a chillar y a patalear, diciendo:

– ¡Se comió mi mitad, se comió mi mitad!

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Un día al año

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Pippa era una muchacha que trabajaba en el molino del pueblo. Día tras día, allí estaba, inclinada sobre las ruedas que la aturdían con su ruido.

Para ella no habia descanso. Al año sólo un día tenía libre … Y lo empleaba en caminar alrededor de su pueblo cantando … Su canción terminaba con este estribillo: “Dios está en los Cielos. Todo debe estar bien en la tierra.” Sigue leyendo

Paraguas

 

Hola. Se que ha pasado un largo rato sin que nadie escriba en este blog, así que hoy me animé. Espero que esto pueda ser de bendición.

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La maestra, allá en una villa argelina, pegunta a su alumna:

– ¿Cómo te portaste ayer en casa?

– Bien, muy bien.

En los ojos negros de la niña hay un fulgor desacostumbrado. Rompe en una exclamación:

– ¡Regalé mi paraguas!

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Si lo hay

Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed. Por suerte, llegó a una cabaña vieja, desmoronada sin ventanas, sin techo. El hombre anduvo por ahí y se encontró con una pequeña sombra donde acomodarse para protegerse del calor y el sol del desierto. Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda oxidada. Se arrastró hacia allí, tomó la manivela y comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía. Desilusionado, cayó postrado hacia atrás, y entonces notó que a su lado había una botella vieja. La miró, la limpió de todo el polvo que la cubría, y pudo leer que decía: “Usted necesita primero preparar la bomba con toda el agua que contiene esta botella mi amigo, después, por favor tenga la gentileza de llenarla nuevamente antes de marchar”.

El hombre desenroscó la tapa de la botella, y vio que estaba llena de agua… ¡llena de agua! De pronto, se vio en un dilema: si bebía aquella agua, él podría sobrevivir, pero si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua fresca, bien fría, del fondo del pozo, y podría tomar toda el agua que quisiese, o tal vez no, tal vez, la bomba no funcionaría y el agua de la botella sería desperdiciada. ¿Qué debiera hacer? ¿Derramar el agua en la bomba y esperar a que saliese agua fresca… o beber el agua vieja de la botella e ignorar el mensaje? ¿Debía perder toda aquella agua en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables escritas no se cuánto tiempo atrás?

Al final, derramó toda el agua en la bomba, agarró la manivela y comenzó a bombear, y la bomba comenzó a rechinar, pero ¡nada pasaba! La bomba continuaba con sus ruidos y entonces de pronto surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo y finalmente, el agua corrió con abundancia… Agua fresca, cristalina. Llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó otra vez y tomó aún más de su contenido refrescante. Enseguida, la llenó de nuevo para el próximo viajante, la llenó hasta arriba, tomó la pequeña nota y añadió otra frase: “Créame que funciona, usted tiene que dar toda el agua, antes de obtenerla nuevamente”.

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